
Las laderas yesíferas de Portillo aparecen perforadas por gran número de galerías, señal de una intensa explotación
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La abundancia de yeso en los páramos calizos de Portillo propició el desarrollo de una modesta industria de explotación que alcanzó su mayor auge a mediados del siglo pasado. Los páramos se perforaron con gran número de galerías de donde se extraía el espejuelo, yeso cristalizado, a golpe de pico y pala, y en los últimos tiempos, ayudados con explosivos para provocar los derrumbes. Próximos a las galerías, hasta una decena de hornos, de tipo árabe, alimentados con leña de los pinares próximos, sometían a altas tempuraturas al yeso para convertirlo en un material apto para la construcción de edificios en guarnecidos, enfoscados y molduras. Más de medio centenar de obreros trabajaban en esas galerías. Y un buen número de porteadores de Santiago del Arroyo se encargaban de trasnportarlo con sus carros, principalmente hasta la capital vallisoletana, donde el desarrollo urbanístico fue muy notable a partir de los años cincuenta..
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Explorando una de las galerías abandonadas
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El yeso de Portillo contribuyó de manera significativa a ese desarrollo. Uno de los empresarios yeseros de la villa fue Demetrio Domínguez. Demetrio intentó modernizar el sistema productivo, abandonando el horno árabe e instalando otro prácticamente de su invención, utilizando un largo tubo de hierro revestido de ladrillo refractario. Pero como en tantas otras industrias rurales, la crisis vino de la mano de nuevas tecnologías que fabricaban un yeso más refinado y que expulsaron del mercado a esta modesta industria rural, incapaz de reciclarse. La huella de la explotación yesera ha quedado a la vista: bocas de galerías por todas las laderas y hornos arruinados. Es el triste final de otro recurso de la tierra vencido por la tecnología.
Los hornos yeseros de Portillo han quedado arruinados
tras varias décadas de abandono
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