|
Un vaquero trashumante de San Martín del Pimpollar
La Sierra de Gredos ha sido tierra de trashumantes desde hace muchos siglos. La Cabaña Real de Carreteros tenía en los pueblos de esta sierra un núcleo muy significativo de carreteros que se movían por toda Castilla, llegando hasta Sevilla y abasteciendo de grano, madera, sal y otras materias primas a la capital del reino. Navarredonda era el principal centro carretero de la comarca. Los bueyes y vacas negras de raza ibérica, autóctonos, tiraban, en sus mejores tiempos, de cerca de mil carretas de transporte de la comarca. Junto a los carreteros, muchos otros habitantes de la zona (Hoyos del Espino, San Martín de la Vega, San Martín del Pimpollar...) se dedicaban a la ganadería, realizando desplazamientos trashumantes entre los prados de verano de Gredos y los prados exrtremeños de invierno, en largas jornadas a pie, al modo de los rebaños merinos y aprovechando las mismas cañadas.

Dimas Hernández, pasa una parte del año en su residencia
de San Martín del Pimpollar, mientras sus vacas pastan
en
cercanos pastos en las faldas de Gredos
Hoy, la trashumancia de vacas ibéricas se sigue realizando según la tradición ancestral. Siguen desplazándose por las cañadas las vacadas conducidas por los mayorales y demás vaqueros, estos a caballo. Son antiguos caminos, como la calzada del Puerto del Pico, por donde también transitaron las merinas.
Dimas Hernández es uno de estos vaqueros que aún mueve cada año su vacada. Cuando llegan las primeras nieves de invierno, como hicieron sus antepasados, Dimas pone en marcha su vacada hacia los pastos del sur. Cada vez son menos; y cada vez se emplean más los camiones; sobre todo en los desplazamientos de invierno. Pero llegando junio, las hileras de vacas subiendo la vieja calzada del Puerto del Pico se convierten en un espectáculo extraordinario.
En San Martín del Pimpollar, además de Dimas, aún sigue habiendo vaqueros que han mantenido esta tradición secular, que quizá ya no dure mucho. El sacrificio que suponen los duros desplazamientos, y las ataduras a un trabajo que no tiene descansos, es rechazado por las nuevas generaciones.
|
|