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Un silletero de Tordesillas
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Restituto Martín es el último silletero de Tordesillas. Hoy, aún se le puede ver por ferias y mercados haciendo demostraciones con el torno de
ballesta que utilizaban en otros tiempos
los talleres tordesillanos |
Restituto Martín. perteneció a una saga de silleteros que mantuvo una producción notable a mediados del siglo pasado en Tordesillas. La combinación de los trabajos a torno de ballesta y el tejido de fibra vegetal, junco o enea, daba como producto un modelo de sillas tradicional en Castilla que no faltaba en ninguna cocina. En Tordesillas hubo siete u ocho talleres con torneros y tejedoras o empajadoras, como se llamaban en la villa, que surtían de estas sillas a muchos lugares de la región. Resti aprovechaba los ratos libres, fuera de la escuela para ponerse al torno y tornearse sus portaplumas. Pronto le cogió gusto a la carpintería, y prefería quedarse en el taller de su padre a ir a la escuela. Terminó siendo un consumado maestro tornero que manejaba con virtuosismo el peculiar torno de ballesta, haciendo girar con una simple cuerda el palo cilíndrico, sometiéndolo a un vaivén con el cual salía torneado bajo las sabias manos artesanas.
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A golpe de pedal, Resti y muchos torneros de Tordesillas tornearon patas y respaldos
para una producción muy notable
de sillas |
Varios torneros y unas cuantas empajadoras, que se llevaban el trabajo a casa, formaban parte del taller donde trabajaba Resti. Las eneas se cortaban en las orillas del arroyo Trabancos y se tendían a secar antes de ser entregadas a las mujeres para componer los asientos de las sillas. Cuando llegó la formica los silleteros de Tordesillas se dieron cuenta de que el negocio se había acabado. Fasa les esperaba, y pasaron de la noche a la mañana a formar parte de una legión de obreros industriales mucho mejor remunerados que los artesanos. Hoy Resti, mata el gusanillo con su viejo torno acudiendo a ferias medievales, donde sorprende a la concurrencia con un artefacto carpintero desconocido para la mayoría.
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La silla tradicional tenía el asiento de paja, pero los silleteros hacían también otros tipos, como éstas,
con asiento de madera
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Los asientos de las sillas era labor de mujeres, las
"empajadoras", aunque también los hombres se
daban maña
para atar las tiras de enea en un
cuadrado
que se iba cerrando
progresivamente |
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