|
Un gabarrero de el Espinar
|
|

Los gabarreros se dedicaban a la corta de leña en los pinares para
su venta, jugándose la vida para
sacar un precario jornal.
|
Los gabarreros, cortadores y porteadores de maderas y leñas se ganaban el sustento con un caballo y un hacha. Algunos, más modestos, sólo contaban con un pollino. La notable extensión de pinares de pino silvestre en la sierra de Guadarrama no sólo proporcionaba abundante madera de primera calidad para muebles, aperos y construcción sino que ofrecía, además, un subproducto inútil para los contratantes de madera, pero precioso para la subsistencia de las familias humildes: la leña. El gabarrero era un leñador que, a golpe de hacha, iba desprendiendo del pino las ramas viejas y preparando minuciosamente un haz sobre el lomo de la caballería para, después, ladera abajo, con el caballo hasta los topes, encaminarse a los lugares donde poder vender la carga. Los gabarreros se movían por la comarca vendiendo por los pueblos. En el Espinar, el número de gabarreros era muy numeroso. Rufino Castro fue uno de ellos. Todavía en edad escolar, ya salía al monte a cortar.
|

La colocación de la leña
sobre el
caballo era todo
un arte que hoy
exhiben viejos gabarreros
en las
fiestas
de el Espinar
|
Rufino Castro fue uno de los numerosos gabarreros
de el Espinar |

Los gabarreros utilizaban caballos para las
cargas
por su gran resistencia
|
La vida de estos leñadores era sufrida de verdad. Se jugaban la vida subiendo a los pinos y cortando en equilibrios inverosímiles, contando con no pocos accidentes a sus espaldas. Rufino conoció en sus propias carnes accidentes graves, caídas de los árboles que fueron dejando cicatrices en el cuerpo, y aún más en el alma. Las cortas de leña, a veces con licencia, otras sin ella, siempre fueron actividades de riesgo, que contaban además con el guarda como potencial enemigo del que convenía protegerse, añadiendo al oficio un ingrediente de furtivismo que lo hacía poco amigable. El desarrollo español de los años sesenta les dio la oportunidad a los gabarreros de abandonar este sacrificado oficio y dedicarse a otras actividades más remunerativas. Queda sólo la fiesta; el homenaje, y el recuerdo que el ayuntamiento dedica cada año a todos ellos. Los viejos gabarreros, en medio de la fiesta, sintiéndose por una vez protagonistas, valorando el reconocimiento que antes no tuvieron, explican el minucioso arte de cargar el haz de leña en la caballería, logrando cargas imposibles.
|

Hecha la carga, el gabarrero se dirige a algún pueblo próximo para venderla
|
Cortando las ramas del pino talado en una exhibición gabarrera
|
|
| |
|
|