
La piedra arenisca de Villamayor levantó los espléndidos edificios platerescos y barrocos de la capital salmantina
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Las canteras de Villamayor levantaron una de las ciudades más bellas del mundo. En Salamanca, el Plateresco y el Barroco logran la plasmación más pura del arte español en esos estilos; y la piedra de Villamayor ha contribuido de manera notable a ese logro, gracias a su fácil labra que admite la profusión de filigrana ornamental, y gracias también a su magnífico color dorado que da una luz de gran belleza a la arquitectura salmantina. A lo largo de los siglos, infinidad de canteros y labrantes de la piedra dieron forma a las areniscas de la localidad vecina a Salamanca. Hoy, aunque la filigrana plateresca no está de moda, sigue habiendo artesanos y artistas trabajando esta piedra dorada. Ricardo García es uno de ellos.
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Nuevas canteras se siguen abriendo, al tiempo que otras se van abandonando
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Su destreza sacando de los bloques de piedra cornisas, boceles, golas y otros perfiles, hace evocar la cantería y la talla de tiempos pasados, manejando con sabia mano bujardas, punteros, mazas, martillo de campana, escafilador, cincel y gubia. En la cantera donde trabaja se han impuesto las máquinas modernas; grandes sierras radiales cortan bloques con precisión milimétrica; pero el arranque de esos bloques sigue recordando los trabajos de las canteras antiguas, de donde sacaron los bloques de piedra arenisca para la catedral, la Plaza Mayor, o la Clerecía. Barras para hacer palanca, cuñas, picas, punteros, mazos y poco más, siguen siendo los medios para arrancar a la roca madre esos preciados bloques, como antiguamente.
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