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Torneros
de Riofrío de Riaza
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Riofrío de Riaza, en las sierras de Somosierra,
es tierra bien
surtida de roble, con el que
trabajaban muchos torneros
de la localdiad
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Los robles de Riofrío de Riaza fueron la materia prima que supieron explotar sus vecinos para complementar su precaria agricultura de montaña en las faldas de Somosierra.
Así, se vieron los de Riofrío convertidos en carpinteros en los duros inviernos de la sierra, torneando en sus modestos talleres con el tradicional torno de ballesta de origen medieval.
Patas de sillas, balaustres, y astiles para legones y otros aperos eran los sencillos productos de su carpintería.
Más de cuarenta tornos, en sus mejores tiempos, cobraban animada vida en los inviernos de la aldea, a golpe de pedal, tensando las cuerdas para dar ese alegre vaivén a la madera del que surgía el palo torneado.
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El hijo de Julián hace una pequeña
demostración de torneado con el
ancestral torno que todavía
conserva en el mínimo
habitáculo
donde
trabajó su padre |
Valentín García Lorenzo trabajaba en esta
casa, junto
con su hermano Julián, en uno
de los
más de 40 talleres con torno
de
ballesta que llegó a tener
Riofrío
de Riaza
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Valentín García Lorenzo es el último tornero vivo de Riofrío. Abandonó pronto el oficio, para dedicarse a actividades de trato y comercio, sacando a vender la producción de Julián, su hermano, y la de otros torneros, a los mercados comarcanos, y posteriormente a ferreterías de Riaza, Ayllón y otras localidades de cierta importancia.
Julián García Lorenzo fue el último vecino que trabajó con el torno de ballesta; no lo abandonó hasta sus últimos días.
Su hijo nos muestra el austero taller, con el torno todavía en uso, donde Julián hizo tantas horas invernales.
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