En la comarca de la Maragatería, con tradición arriera de las más importantes de España, buena parte de la población de sus pueblos se dedicaba al transporte de mercancías por toda la Península. La agricultura fue siempre pobre, por lo que el aguzado de rejas y reparo de aperos de labranza no empleó a demasiados herreros. Cosa distinta fue la situación de los herradores. Contando la Maragatería en el siglo XVIII con unas 2.000 mulas para el transporte arriero, el trabajo de herraje de estas caballerías debió emplear a numerosos herradores. No conocemos si los antepasados de José Ares de Blas, el último herrero de Valdespino, se dedicaron en otro tiempo al herraje de mulas, trabajo en parte de fragua, con la confección de herraduras y clavos; hoy, José mantiene una fragua tradicional, igual a las de siglos pasados, alimentando el fuego con el fuelle, que alienta tirando de su cadena con la perseverancia de quien no conoció otro oficio. La fragua de José es hoy una parada de turistas que visitan la comarca. Su trabajo se limita al reciclado de materiales con los que confecciona navajas, cuyo filo templa pacientemente sobre el yunque a golpe de martillo.