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El herrero
de Coca
En el corazón de la tierra de Pinares segoviana,
Teófilo Catalina ha sido el herrero de los resineros, como lo fue
su padre y también su abuelo; éste fue un herrero innovador
en la tierras de pinares. Los nuevos métodos franceses de resinación
de los pinos trajeron nuevas herramientas resineras a principios del siglo
XX. El abuelo de Teófilo fue un introductor de estas herramientas
adaptadas a los nuevos tiempos : escodas, berrrascos, medias lunas, raederas,
hachas de dos bocas... La actividad resinera creció como la espuma
en las últimas décadas del siglo XIX, con la Unión
Resinera como fábrica pionera en Coca. En el siglo XX, siguió
prosperando esta industria, con numerosas fábricas nuevas. Pueblos
como Navas de Oro, Zarzuela del Pinar, Lastras de Cuellar, Pinarejos y
otros, en Segovia, o Viana y Olmedo, en Valladolid conocieron la instalación
de nuevas fábricas de resina. Antiguos pegueros se reconvertían
en resineros animados por la demanda de esas nuevas fábricas. Los
herreros empezaban a ser reclamados para surtir de escodas y berrascos
a una legión creciente de resineros. Pero la resina y sus productos:
colofonias y aguarrás, encontraron competidores en nuevos productos
sintéticos y entró en crisis. Los herreros fueron cerrando.
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Teófilo Catalina , igual que su padre y su abuelo,
dedicó
su taller a la reparación y fabricación de
herramientas
para centenares de
resineros
de las comarca de
pinares
de Segovia |

Teófilo todavía repara alguna herramienta, pero
su taller desaparecerá con él, tras la crisis y
casi
desaparción de la explotación de
de la
resina en la comarca
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Aunque retiró el fuelle que utilizó su abuelo, ha seguido
forjando
a golpe de martillo hasta su jubilación
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Sobre el yunque, templando el acero al rojo,
a golpe de martillo |
Teófilo ha resistido. Pero a su taller apenas acuden ya resineros.
Envueltas en periódicos, guarda herramientas que forjó sobre
el viejo yunque de su abuelo; ya no encuentran salida. Teófilo
fabricó herramientas para toda la Tierra de Pinares; también
las fábricas le solicitaban cantidades importantes. Hoy, ya jubilado,
mantiene el taller para pequeños arreglos que le solicitan los
agricultores o cualquiera cosa que algún vecino le demande. Las
viejas piezas del fuelle con el que trabajó su abuelo, permanecen
envueltas en telarañas en un rincón. Al taller le espera
la misma suerte, cuando Teófilo ya no pueda trabajar.
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Afilando una herramienta resinera
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La herramienta acabada: la satisfacción de la obra hecha a conciencia
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