
La familia Moneo, heredera de una tradición ancestral
de curtidores de Covarrubias, regenta uno de los
últimos talleres artesanos de botas de la región. |
El botero
de Covarrubias
La botería, como tantos oficios artesanos va tocando
a su fin. La bota de vino, el solidario recipiente de cuero compartido
y pasado de mano en mano por los labriegos castellanos durante siglos,
todavía puede verse en alguna vieja botería. Pero los últimos
boteros están a punto de jubilarse, y el relevo está ya
descartado en un oficio duro, sacrificado y mal retribuido, como ocurre
en cualquier trabajo que se precie proveniente de la tradición.
En Covarrubias, aún se mantiene el taller de la familia Moneo,
herederos de una antigua tradición artesana.
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Botas infladas, colgando del techo, esperando
salir al mercado, una vez seca la pez con que
se cubren en su interior |
Uno de los hermanos de a familia Moneo se dedica
específicamente a la confección de botas para el vino |

Los Moneo curten sus propias pieles,
con las que luego fabrican las botas |
Al pie del Arlanza, en el antiguo
barrio de los curtidores, bajo una ladera cubierta de zumaques, los arbustos
utilizados como curtiente por los antiguos pellejeros, que atestiguan
la tradición curtidora de la villa, siguen curtiendo los hermanos
Moneo, si bien, con técnicas mejoradas, y haciendo artesanalmente
las tradicionales botas de vino, impermeabilizadas con la pez de toda
la vida. Pero las botas cada vez encuentran más difícil
su salida al mercado, presintiendo, quizá su final, que está
ahí, a la vuelta de la esquina, cuando los últimos boteros
disfruten ya su merecido retiro.
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Bombos de lavado y curtición |
Confección de una bota, afeitando el pelo del animal,
que irá en la parte interna. |
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Sacando las pieles del bombo de curtición
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