
Puerto del Pico, vía de acceso de los
arrieros
del sur de Gredos a las tierras
de la Meseta |
Dos arrieros
de Villarejo del Valle
En el Barranco de las Cinco Villas, en la cara sur de Gredos, aún viven
viejos arrieros que subían las frutas de la comarca a las tierras de
la Meseta con sus carros y caballerías. El Puerto del Pico es testigo
del trajín arriero de las gentes humildes de Mombeltrán, Cuevas del
Valle o Villarejo. Éste último era el que contaba con mayor número
de arrieros en los años previos al abandono de las caballerías y
la llegada de los vehículos a motor. La arriería en Villarejo fue un
medio de vida de una buena parte de sus vecinos. Hoy, los hijos y nietos
de aquellos arrieros reconocen y valoran la labor de sus padres y abuelos
con el “monumento al arriero” levantado sobre su plaza Mayor.
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Alejandro Carrasco, con su mulo, recorrió los pueblos
de Gredos y Valle de Amblés vendiendo el vino
producido
en Villarejo |

Villarejo, pueblo de arrieros, homenajeados
por sus descendientes en este monumento |
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Edesio Rosillo, la mirada nostálgica puesta en un horizonte que se pierde en el tiempo, cruzado
por
duras veredas, ascendiendo los
puertos
del Pico y
Menga contra el
viento
y la nieve
para llegar con
el
carro
a la capital
abulense
cargado con
sus frutas.
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La
abundancia de frutas de la falda meridional de Gredos, protegida de los
fríos del norte, era vendida por estos trajinantes por el Valle de Amblés,
la Moraña, y la propia capital abulense. Por el Puerto del Pico subía
el pimentón de Candeleda, las aceitunas de los bancales del Barranco
de la Cinco Villas, higos que la tierra daba en abundancia, aceite, e
incluso vino. A lomos de mulas unos, y con carros otros, se porteaban
los productos de la tierra, comerciando de pueblo en pueblo. Dos de
estos arrieros aún tienen viva en la memoria la dura subida del puerto
de Menga, casi inaccesible con las heladas, y los trajines del día a
día pateando los caminos y visitando posadas con la socorrida saca. Edesio
Rosillo comerciaba con su carro, llegando hasta Ávila, donde mantenía
buena parte de su clientela. Alejandro Carrasco, con un macho, salía
a vender el vino que producían en su casa, vendiendo en los pueblos
de la cara norte de Gredos y el valle de Amblés.
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