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Caleros
de Linares de Riofrío
y Vegas de Matute
Muchas comarcas de Castilla y León contaron con pueblos caleros.
En Valladolid, Iscar, en Segovia, La Fresneda y sobre todo, Vegas de Matute,
la localidad que contribuyó con su cal, elaborada en las caleras
de El Zancao, a levantar el Escorial. Y en Salamanca, la comarca de la
cal fue tan notable en esta actividad que cobró el nombre del producto
que exportaba: La Calería. Y en la comarca de la Calería,
el mayor protagonismo fue para Escurial de la Sierra y, especialmente,
Linares de Riofrío, el principal centro calero salmantino. En Linares,
hasta el barbero hacía cal; y esto ha sido confirmado por el propio
barbero linarense: Fermín de la Iglesia, que como los demás
jornaleros de la localidad, se veía obligado a realizar durante
una parte del año unas cuantas hornadas de cal en alguna de las
numerosas caleras que utilizaban los jornaleros caleros .
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Boca de horno de una calera en el Zancao,
que ya era explotada en el siglo XVI, en Vegas
de Matute |

Mariano Barreno y Eugenio Moreno, dos antiguos caleros de Vegas de Matute
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Caleras abandonas en el término de la Dehesa,
en Vegas de Matute
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Fermín de la Iglesia, uno de los numerosos
caleros
de Linares de Riofrío
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Como oficio
de gente
pobre, la elaboración de la cal, conllevaba un exigente
espíritu de sacrificio y una menguada remuneración. Comenzaban
los trabajos caleros con la extracción de piedra blanca a golpe
de pico en la cantera; continuaba con la carga de la piedra a lomos de
mulos y pollinos y, finalmente, el encañado de la piedra, formando
una falsa bóveda, en el horno excavado en la tierra, y el encendido
de la leña cargada en su interior, hasta alcanzar unos 1.000º
C.; luego, a esperar y vigilar el fuego durante los tres días preceptivos,
al pie del horno incandescente, hasta conseguir la completa calcinación
y transformación química de la piedra que, perdiendo la
humedad, se convertía en cal viva, una materia fraguante que daba
consistencia casi eterna a los muros y que hoy ha sido desplazada por
el cemento industrial. Desde luego que hoy ya no quedan caleros, solo
recuerdos de un esforzado trabajo que sólo la necesidad hacía
creíble que pudiera llevarse a cabo. Sentados en un banco, en Vegas
de Matute, a la sombra del verano, Mariano Barreno y Eugenio Moreno
evocan aquellas jornadas con el pollino cargando leña en el monte
para la combustión en las caleras o picando piedra en las canteras de roca caliza y transportándola para luego encañarla en los hornos.
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Horno de cal abandonado en Linares de Riofrío
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Una de las últimas caleras levantadas en
Vegas
de Matute, antes de su abandono
definitivo
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Reconstrucción de caleras en el Zancao
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Interior de horno de una calera reconstruída
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