Monsagro, tierra de arrieros en la Sierra de Francia
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Arrieros
de la Sierra de Francia
De las tierras pobres de Salamanca, algunas tuvieron que vivir de la arriería
para ganarse el sustento, buscando en el comercio lo que les negaba la
tierra. Monsagro, la Nava de Francia y otros pueblos se vieron en la necesidad
de salir a vender los precarios frutos que les ofrecían sus pequeñas
huertas, regadas a golpe de cigüeñal y haciendo carbón
vegetal de brezo y encina, que a lomos de sus mulas abastecían
a otros pueblos. La tradición carbonera llevó a muchos vecinos
de la Nava, ya en el siglo XX, a pasar largas temporadas en las dehesas
extremeñas haciendo carbón, cuando en su propia tierra se
veían limitados los recursos forestales.
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Fidel Iglesias, viejo arriero de Monsagro |
La Nava de Francia, a los pies de la Peña de Francia,
también fue tierra arriera |
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Braulio Mateo, otro antiguo arriero de Monsagro |
José Santos conoció
esa vida de emigración temporera, pasando con su padre y muchos
otros vecinos de Nava de Francia largas temporadas de carboneo en Extremadura.
Fidel Iglesias y Braulio Mateo, como otros vecinos de Monsagro, también
salieron con sus mulos a recorrer otras tierras de Salamanca, vendiendo
aquellos frutos que conseguían arrancarle a una tierra sobria y
precaria. Luego llegó la oportunidad de la emigración a
esa España industrial que despobló nuestros pueblos. País
Vasco y Asturias fueron las zonas preferidas que les dieron a estos arrieros
la oportunidad de una vida mejor que en su tierra no era posible. Ahora,
vuelven en verano a disfrutar de la tierra que antes les deparó
tantos sacrificios, y algunos, como José, aún le dan vida
al cigüeñal que nutría la huerta de su padre.
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José Santos en su huerta de la Nava de Francia,
junto al cigüeñal
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