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Alfareros de Pereruela
En tierras de Zamora se encuentra uno de los pueblos alfareros más prestigioso de nuestra comunidad: Pereruela. Sus piezas de barro fueron siempre muy apreciadas por su resistencia, especialmente, sus cazuelas y fuentes para asar y sus hornos, que hoy siguen teniendo la misma aceptación. El horno perigüelano es la pieza estrella de de esta localidad; su peculiar forma de iglú y su composición arcillosa han dado magníficos resultado gastronómicos durante siglos. Ya en el siglo XVIII se hablaba de las excelencias de esta tierra; en realidad, se trata de una mezcla de dos tipos de tierra, una roja, arcillosa, y otra blanca, que le aporta el valor añadido de una gran resistencia al fuego. Los perigüelanos aprovecharon la singularidad de sus piezas para darse a conocer por toda la región, estableciendo un reparto de papeles entre hombres y mujeres para explotar su recurso. Así, las mujeres de Pereruela se convirtieron en alfareras, mientras sus maridos recorrían los pueblos con sus caballerías y carros vendidendo los cacharros.
Los nuevos productos que fueron llegando a las cocinas de nuestras abuelas, sobre todo, plásticos y aluminios, representaron sucesivos golpes de gracia para nuestros alfareros; en muchas localidades, la alfarería desapareció; pero en Pereruela ha resistido; el apego a lo tradicional que sigue manteniendo un sector de la población, especialmente relacionado con la gastronomía, y en concreto con los asados, mantiene muy vigentes las piezas de este pueblo, que siguen ofreciendo resultados culinarios inigualables.
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Con la misma maestría que lo hicieron sus antepasados,
Agustín Garrote, cierra la bóveda
de un horno de asar. |

Secándose en la nave, los hornos esperan la última mano del artesano, que irá cerrándolos uno a uno. |

La tradición artesana de Pereruela se respira por las calles. Los artesanos sacan sus piezas a secar al sol.
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José Garrote prepara la mezcla de tierras rojas y blancas que darán
la resistencia característica a las piezas de Pereruela. |

Platos perigüelanos esperando su turno para el horno.
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Algunos alfareros perigüelanos han mantenido la tradición, incluso el antiguo horno de leña; es el caso excepcional de Láraro González Antón. Como manda la tradición perigüelana, en su casa, la mujer ejerce de alfarera, y él es el comercial de la empresa, el cacharrero, que así es como se les llamaba por los pueblos en otros tiempos; tiempos en los que que incluso tenían que negociar la venta de cacharros con pagos en especie: trigo y otros productos agrícolas. Hoy, Lázaro recorre las ferias de alfarería donde expone sus piezas, igual que lo hacía por los mercados de los pueblos castellanos y leoneses tiempo atrás.
Otros alfareros se han modernizado; han instalado amplias naves, hornos eléctricos y otras máquinarias; aunque el trabajo artesano sigue estando presente. Uno de estos establecimientos artesanos es el de José Garrote y Agustín Garrote. Se les puede ver trabajando los hornos con mano maestra, como lo hacían sus antepasados.
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Lázaro González, un cacharrero tradicional, que recorrió los pueblos castellanos y leoneses vendiendo sus cazuelas, fuentes y hornos, igual que los hicieron durante siglos los cacharreros perigüelanos. |
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